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Xi Jinping visitó Moscú el 9 de mayo Fuente:AP

Debilitamiento del yuan y el rublo: similitudes y diferencias

La significativa devaluación del yuan ha desencadenado una avalancha de debates sobre el motivo por el que China aplica ahora esta medida. Cada uno de los argumentos esgrimidos ha provocado, en mayor o menor medida, un brusco viraje en el comportamiento de la divisa de un país que comparte con los EE UU los dos primeros puestos en cuanto a volumen de PIB. En Rusia, a mediados de 2014, tuvo lugar un acontecimiento parecido, cuando el Banco de Rusia implementó el tipo de cambio flotante para el rublo.

La diferencia entre Rusia y China reside en que las exportaciones del país eslavo se reducen prácticamente a la materia prima, mientras que las de China representan una amplia gama de productos: desde artículos de consumo de masas hasta complejos artículos industriales. Por lo tanto, las expectativas de crecimiento de las exportaciones chinas son directamente proporcionales a la velocidad y la dimensión de la devaluación del yuan, mientras que Rusia sigue presa de la dinámica de los precios del petróleo.
Este paso constituye, ante todo, la conclusión lógica de la economía china tras la crisis de 2007-2008. Las numerosas declaraciones efectuadas en 2010-2011, que daban por concluida la crisis y proclamaban que el mundo había retomado la senda del crecimiento, resultaron ser demasiado optimistas.

La tasa de crecimiento que alcanzó el PIB mundial entonces —de entre el 4 % y el 5 %— ha caído ahora por debajo del 3 % y, de momento, no parece que haya muchas probabilidades de recuperar unas tasas más elevadas.

En este sentido, la ‘desaceleración’ de China no es más que un reflejo de la tendencia mundial, la cual se manifiesta claramente en el brusco descenso del precio de las materias primas, así como en la fuerte caída del comercio y el transporte a nivel mundial.

Si tenemos en cuenta que el modelo de negocio de China está orientado a las exportaciones y que el principal recurso del país (la mano de obra barata) está desapareciendo, el gobierno chino tenía que tomar una decisión nada sencilla: cambiar su modelo de negocio о buscar un nuevo estímulo de crecimiento.

En este contexto, el tipo de cambio de la moneda nacional era prácticamente en el único candidato, al menos como vía de escape a corto plazo. Por otra parte, la necesidad de devaluar el yuan lleva ya un tiempo gestándose. A diferencia de sus competidores —los países exportadores—, la moneda china se fortaleció entre un 30 % y un 50 % desde antes de la crisis, en el año 2007.

Tras la crisis de 2007, las monedas de Rusia y de China mantuvieron un curso paralelo. Después, en 2013, se produjo en Rusia un debilitamiento progresivo del rublo que finalizó con el paso al tipo de cambio flotante en 2014, en un contexto de crecimiento del dólar y caída del precio del petróleo.

Aunque el yuan, por su vinculación con el dólar, pudo resistir la embestida, la economía de China no se vio favorecida por ello; las exportaciones continuaron cayendo y ahora ha llegado el momento de tomar las decisiones difíciles.

Hasta mediados de 2011, tanto China como sus principales competidores (Europa, Japón y Corea) mantuvieron el statu quo. Sin embargo, en Japón y en Europa pronto empezaron a aplicar programas de flexibilización cuantitativa o, coloquialmente hablando, la impresión masiva de dinero. Esto provocó un fuerte deterioro en las condiciones de los exportadores chinos frente a las de sus competidores de Europa, Japón y otros países asiáticos. Tarde o temprano esta situación debía conducir a la ‘desaceleración de China’.

La fuerte apreciación del dólar durante la segunda mitad de 2014 y la primera mitad de 2015 solo podía dar lugar a un final lógico: la decisión de China de devaluar el yuan. Una decisión que no se limita a una caída del 3 %-5 %, ya que para alcanzar una situación medianamente equilibrada la desvalorización debería situarse entre el 20 % y el 30 %. Quizás el siguiente paso sea la transición a un régimen cambiario más liberal en China, a cierta política de flotación del yuan.

Rusia, por su parte, está más interesada en los acuerdos políticos —como el que propone impulsar el uso de las divisas nacionales durante este proceso— que en los tipos de cambio. Y es que la creciente volatilidad del rublo y del yuan podrían compensarse con creces mediante mecanismos de apoyo de los fondos y bancos estatales: mecanismos de garantía, financiación del comercio, seguros, etc…

El buen uso de todas estas herramientas puede servir de protección a los empresarios rusos y chinos frente a la tormenta desencadenada en el mar de las divisas. Y, aunque resulte paradójico, el elemento más estable de este ‘mar’ —el dólar estadounidense— podría convertirse en su principal víctima.

Konstantín Korischenko es vicepresidente del Banco Central de Rusia, director del mercado de valores y del departamento de ingeniería financiera de la Facultad de Estudios Financieros y Bancarios de la Academia Presidencial Rusa de Economía Nacional y Administración Pública.

Fuente: ES.RBTH

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