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Este proyecto educativo está organizado por el pintor Iliá Kabakov y su esposa Emilia. Fuente: Artiom Zhitenev / Ria Novosti

El ‘barco de la tolerancia’ llega a Moscú

El pintor conceptualista y su esposa ya habían instalado este símbolo de las buenas relaciones recíprocas en Venecia, Miami, Sharjah y en otras ciudades del mundo. Antes de instalar este barco de 18 metros de largo —cuyas velas de colores están hechas con dibujos infantiles— en el estanque Pionerski del Parque Gorki de Moscú, los escolares moscovitas han recibido un curso de cuatro meses sobre la tolerancia y han pintado. Y, finalmente, el proyecto se ha podido acabar gracias al esfuerzo de todos.

Emilia Kabakova ha explicado la historia del barco a Rusia Hoy:

– Iliá y yo instalamos el primer barco en la ciudad egipcia de Siwa, situada a orillas de un lago salado (donde, en realidad, nunca ha habido barcos), y decidimos que los niños se encargarían de las velas. En este lugar hay una importante comunidad religiosa, con un protocolo muy estricto para casi todos los aspectos de la vida. Por ejemplo, entre otras cosas, las chicas se casan a los 12 años y, después, ya no les dejan salir a la calle.

El barco lo construyeron unos estudiantes de Manchester de entre 17 y 18 años. Mientras lo hacían, observé cómo se relacionaban con los niños del lugar: sin hablar el mismo idioma, sin conocerse mutuamente, sin tener ni idea de quién es quién en la cultura ajena, en seguida encontraron intereses comunes y acabaron jugando juntos al fútbol. Después escribieron en las velas frases como estas: ‘Queremos ser amigos’, ‘Esperamos vuestra visita’, ‘Siwa es una ciudad maravillosa’…

El siguiente barco lo instalamos en Venecia. En Italia hay mucha inmigración, así que el tema de la tolerancia está a la orden del día. Los niños se burlan unos de otros en la escuela, hay muchas agresiones, racismo, en general, muchos problemas. Así que primero impartimos un curso sobre tolerancia de seis meses. La idea era la siguiente: para vivir en armonía, para que las personas se entiendan, para que no haya guerras, se debe enseñar cultura. La cultura es el medio mediante el que identificamos al otro. Y la forma más sencilla de enseñarla es a través de las imágenes. La disipación de las diferencias ayuda a establecer el contacto. No se puede respetar a una persona si no se sabe nada de ella. Todo se basa en dos factores: el conocimiento y el respeto.

En Siwa, trabajamos con niños de entre ocho y dieciséis años. En Venecia, tenían entre seis y diecisiete. Después excluimos a los niños de edades más mayores, porque nos dimos cuenta de que a esa edad les cuesta conversar, tienen vergüenza. Creen que, si expresan su opinión abiertamente, los demás les criticarán. La crítica externa está ya implícita en su mentalidad, ya no disfrutan de la misma libertad.

Sin embargo, los pequeños dicen lo que piensan con absoluta libertad, y ponen ejemplos verdaderamente interesantes. En una ocasión, un niño cubano dibujó un plato de fruta con moscas sobrevolando alrededor y, por encima de ellos, una araña sobre su tela. Los demás niños dibujaron a otros niños de distintas razas, el sol y cosas similares. Le preguntamos:

“¿Y por qué has dibujado frutas, moscas y una araña?, ¿Qué tiene que ver eso con la tolerancia?” Nos explicó que las moscas quieren comerse la fruta, pero son tolerantes, y saben que esta es para los niños. Y la araña se quiere comer a las moscas, pero también es tolerante y se contiene. Me parece un ejemplo muy sagaz, ¿no cree?

La sociedad no es tolerante en ninguna parte del mundo. Cuando la gente expresa su opinión en público, trata de parecer tolerante, porque estamos en una sociedad democrática. La falta de tolerancia puede resultar embarazosa. Uno debe respetar los sentimientos de los demás. En Occidente, esto se lleva ya en la sangre, ha pasado a formar parte de la genética. Pero, por regla general, la realidad es más amarga; lo que la gente piensa en realidad es ya otra cuestión. Cada cultura cuenta con sus propios amigos y enemigos. Pero ese odio o ese amor deben estar basados en algo, y para poder dialogar hay que entender el origen de estos sentimientos. ¿Por qué debemos respetarlos y para qué los necesitamos? Estas razones existen, solo hay que sacarlas a la luz.

El barco es un símbolo universal. El barco, como medio de transmisión del conocimiento de otras civilizaciones y otras culturas. En Cuba, por ejemplo, se interpretó como un símbolo de la huida. Para ellos está a la orden del día, pues muchos cubanos han huido de la tiranía en barco.

En Rusia, por otro lado, la tolerancia se asocia sin lugar a dudas a los homosexuales  y a la ley en contra de la propaganda homosexual, pues se trata de un tema de actualidad ahora. Nos han pedido que montemos el próximo barco en la ciudad mexicana de Tijuana. ¿Qué está pasando allí? Las drogas. Hay una guerra de facto, tiroteos en las calles, muchos niños mueren. Por lo tanto, debemos ir y dialogar.

Acaba de llegar a Moscú un avión con 15 niños, los embajadores de la tolerancia que vienen de Miami. También allí se construyó un barco hace tres años. Un chico que entonces tenía seis —ahora tiene nueve— ha querido continuar su experiencia: ha reunido a sus compañeros de clase y estos han pintado los dibujos, que ahora se encuentran en Moscú. Después, volarán todos juntos a Nueva York, para la inauguración de otro barco allí. Algo se está despertando en estos niños.

El barco es un proyecto más social que artístico. Pero nuestro principal proyecto en Moscú es la exposición ‘¿Utopía y realidad?’, relacionada con el gran vanguardista y compañero de Kazimir Malévich, El Lisitski. También tenemos previsto participar, en primavera del año que viene, en una exposición que se presentará en el Gran Palais de París. Nuestra muestra consistirá en una ‘instalación universal’ a la que llamaremos ‘La extraña ciudad’: construiremos unos edificios enormes, de 25 metros cada uno, y los muros de la ciudad. Vamos a presentar exposiciones en México, en los Emiratos Árabes y en Suiza. Y el 27 de septiembre se inaugurará un nuevo ‘barco de la tolerancia’ en Nueva York.

Fuente: Rusia hoy

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