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Oleg Atémiev. Fuente: Instagram.

“El cosmos es una droga y lo único que te hace volver es la familia”

El cosmonauta ruso Oleg Artémiev da una conferencia en el Planetario de Madrid en la que habla de su experiencia, comparte sus impresiones y enseña fotos hechas desde el espacio.

Modesto, simpático y con muy buen sentido de humor: así es Oleg Artémiev, el cosmonauta ruso que ha permanecido en el espacio un total de 169 días, acumulando 12 horas de paseos extravehiculares. Llega a Madrid con su esposa Anna y su pequeño y encantador hijo Savelii de tan solo cuatro años.

“Nos conocemos desde hace 12 años y mi marido dedicó 11 años a la preparación para el vuelo espacial”, nos cuenta Anna. Once años de preparación para 169 días de vuelo. “Durante el vuelo hablábamos por videoconferencia una vez a la semana, pero él podía llamarnos por móvil cuando tenía tiempo”. De las cosas que más impresionaron Anna destaca el lanzamiento , del que dice que es un espectáculo arrebatador. Lo cierto es que prácticamente todo que tiene que ver con la profesión de su marido es realmente impresionante.

“Después del despegue uno de los momentos más importantes es el aterrizaje”, dice Oleg al principio de su charla en el Planetario de Madrid. La sala está llena y tras hacer una larga cola para recoger los aparatos de la traducción simultánea el público está impaciente por escuchar y ver lo que Oleg tiene preparado para ellos. El cosmonauta ruso, que parece haber detectado esta curiosidad, añade: “Luego responderé a todas vuestras preguntas. Ninguna se quedará sin respuesta”.

Oleg rindió homenaje a Alexéi Leónov que realizó el primer paseo espacial el 18 de marzo de 1965. “Fue el paseo más difícil de la historia y lo hizo él solo. Ahora lo hacen dos personas para contar con ayuda en caso de emergencia”.

En Rusia los cosmonautas viven en una urbanización especial a 20 kilómetros de Moscú. El proceso de preparación es muy largo y laborioso: en tres años hay que aprobar 150 exámenes. “Sin este proceso de preparación la salida al espacio me hubiera dado mucho miedo: abres la escotilla y te enfrentas al abismo. La preparación psicológica es muy larga e incluye tareas como saltos con paracaídas durante los cuales tienes que explicar qué tratar de contar algo. Al principio se limita a cortos gritos. Pero poco a poco te vas acostumbrando y en los siguientes saltos ya puedes citar poemas o contemplar la naturaleza. Cuando abrí la escotilla por primera vez me apresó el estupor pero duró unos segundos y luego empecé a trabajar”.

Cuando llega el turno de preguntas la sala se pone todavía más animada. La gente quiere saber qué es lo que se siente durante un paseo por el espacio, qué hacen los cosmonautas para no perder la noción del tiempo, cómo es la adaptación a la gravedad a la vuelta y muchísimas cosas más sobre un fenómeno tan enigmático como el cosmos. Entre anécdotas y bromas, Oleg Artémiev cuenta que el tiempo en el espacio corre igual que en la Tierra ya que se usa la hora de Greenwich y que si cumples todas las instrucciones médicas y haces dos horas de ejercicio al día el proceso de la adaptación a la gravedad a la vuelta es corto, de unas dos semanas. Eso sí, hay que volver a aprender a andar.

Además, el publicó siente curiosidad por la radiación que sufren los cosmonautas en el espacio y los conflictos entre personas de distintas nacionalidades que surgen durante el vuelo. Respondiendo a la primera pregunta, Oleg explica que la radiación es realmente un problema que además no deja que se realice el ansiado vuelo a Marte, el objetivo principal para la cosmonáutica actual. En un día en el espacio se recibe tanta radiación como en 200 en la Tierra y es todavía peor en Marte, que carece del campo magnético, y las dosis pueden llegar a ser mortales. En cuanto a los conflictos, Oleg confiesa que es difícil pasar tanto tiempo con otra gente en un espacio cerrado pero vienen muy preparados por lo que el número de conflictos se reduce al mínimo.

Por otro lado, Oleg habló también habla sobre el novedoso fenómeno del turismo espacial. Ya son bastantes las personas que han volado al espacio sin ser profesionales. Como este tipo de turismo no es nada barato suelen ser ricos empresarios o gente conocida. Por ejemplo, la famosa cantante británica Sarah Brightman se encuentra en Moscú preparándose para el vuelo programado para el 4 de octubre de este año. Y el fundador de Excel ,Charles Simonyi, ya tiene dos vuelos a sus espaldas. Además ahora se organizan excursiones al cosmódromo de Baikonur, donde los turistas pueden ver el proceso del lanzamiento.

La pregunta que más impacto causa al cosmonauta ruso es filosófica: “¿Es verdad que a veces la gente atea se vuelve creyente después de realizar un vuelo especial?”, pregunta un señor. “En Rusia hay una fuerte tradición ortodoxa pero yo no era muy creyente. En el espacio vi que la Tierra es un ser vivo y pensé que quizás la tierra es Dios. Y sí, me hice creyente. El cosmos es una droga y lo único que te hace volver es la familia”, confiesa Oleg Artémiev.

Según explicó, la actividad favorita de los cosmonautas en su tiempo libre en el espacio es observar la Tierra y sacar fotos. A Oleg se la da bastante bien y para compartir sus impresiones el cosmonauta no solo da charlas sino también comparte fotos en su cuenta de Instgram: @olegmks. Por cierto, es el primer cosmonauta ruso que abrió una cuenta en esta red social se hizo un verdadero “Instagrammer” con mas de 150.000 seguidores. Su éxito no es nada sorprendente, las fotos que cuelga tienen que ver con su profesión y su gran pasión, el cosmos.

Fuente: ES.RBTH

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