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Entrevista a Maggie Willcox, esposa de Peter Willcox, capitán del Artic Sunrise. Fuente: Ria Novosti

“El precio que están pagando los activistas de Greenpeace por tratar de poner una pancarta es demasiado alto”

Desde el arresto de su marido, Maggie Willcox, de nacionalidad estadounidense ha podido hablar con su marido solo en dos ocasiones. Dice que todo lo que puede hacer es rezar para que las autoridades rusas liberen a los activistas.

Cuéntanos algo sobre Peter. ¿Desde cuándo se conocen? ¿Cómo se conocieron? Los documentos dicen que os casasteis hace tan solo ocho meses.

Nos conocimos en 1978 en Clearwater, una réplica de los barcos que trasladaban pasajeros y carga entre Nueva York y Albany por el río Hudson antes de la llegada del ferrocarril.

El barco lo había construido el cantante de folk Pete Seeger con el fin de llamar la atención sobre los problemas de contaminación en el río Hudson. (En el Clearwater se organizaron varios conciertos y eventos en defensa del medio ambiente, y también se usó para medir los niveles de contaminación en el río.)

El barco era como un imán para gente joven y para estudiantes que estaban recibiendo una educación medioambiental. Cuando conseguí unirme a la tripulación ya se podía tomar baños en el río y pescar.

Yo era la cocinera del barco y Peter, que solo tenía 23 años, era el capitán. Cuando nos conocimos estaba rebosante de ideas ecologistas y yo me enamoré de él. El 1981 se marchó para unirse a Greenpeace.

Yo me quedé. Puse en marcha mi propia panadería y me casé. Nos volvimos a encontrar hace dos años en Maine (EE UU). Nos miramos y nos dimos cuenta de que finalmente había llegado nuestro momento para estar juntos.

Peter ha estado en Greenpeace desde hace muchos años. ¿Sabes como se unió a este grupo? ¿Cuáles son sus prioridades?¿Es antes el capitán del barco y después activista, o al revés?

La familia de Peter ha sido muy activa a nivel social. De niño participó en las protestas contra los proyectos de construcción de centrales térmicas en su distrito. Llevaba un barco de juguete en una mano y una pancarta en la otra.

También fue uno de los que participó en los piquetes en los almacenes Woolworth. Al principio firmó un contrato con el Clearwater. Antes de dejar el barco en 1980, contrató a la primera mujer capitán en la historia del barco.

Trabajar para Greenpeace siempre ha sido su sueño, y continúa siéndolo. Le gusta estar en el mar, su familia se dedicaba a ello. Es la situación ideal para él: puede ser un activista social en un barco. En cualquier caso, antes que nada es el capitán, y la seguridad del propio barco así como la de los pasajeros es prioritaria.

Hace nueve años, cuando se convirtió en un padre soltero, sus familiares empezaron a cuidar a su hija cuando él estaba en el mar.

¿Es capitán de algún otro barco? ¿Ha habido algún otro problema antes relacionado con Greenpeace, además de la explosión en el barco en 1985?

También trabaja en otros barcos de Greenpeace, el Esperanza y el nuevo Rainbow Warrior (el primero fue destruido en 1985 por los servicios secretos franceses mediante una explosión, cuando el capitán era Peter Willcox).

Hubo casos en los que miembros de la tripulación (Peter entre ellos) fueron arrestados por cruzar de manera ilegal una frontera, pero siempre los liberaban después de un par de días.

Este arresto ha sido la reacción gubernamental más desproporcionada desde la explosión de 1985.

¿Llamó durante su último viaje por el Ártico?¿Cómo supiste que lo habían arrestado?

Cuando está navegando normalmente nos comunicamos por correo electrónico y muy pocas veces hablamos por teléfono. Supe que habían asaltado el barco porque estaba en copia en el último correo que mandó a las oficinas centrales de Greenpeace, justo antes de que les cortaran la comunicación.

No creo que Peter esté en peligro o que pueda ser torturado o sufrir vejaciones. Me ha dicho que los rusos que están a su alrededor son muy amables. Solo estoy preocupada por su salud, porque tiene problemas de corazón.

Si tiene que pasarse los siguientes siete años en la cárcel, tal vez no vuela a ver nunca a su padre, que ahora tiene 92 años.

También puede perjudicar a su propia salud, lo que significa que no tendremos mucho tiempo para estar juntos. Los activistas van a pagar un precio demasiado alto por tratar de colocar una pancarta en una plataforma de gas.

¿Has recibido algún correo electrónico o alguna llamada de Peter tras los sucesos del 18 de septiembre?¿Qué te decía?

He hablado con él dos veces por teléfono, el 21 de octubre y el 1 de noviembre. En ambas ocasiones parecía fuerte y optimista. Es normal en él, toda la familia lo ve así. Dijo que todo el mundo lo estaba tratando bien. Me aseguró que su presión sanguínea era normal y me comentó que había perdido 11 kilos.

También me llegó una carta en la que trataba de tranquilizarme. Escribió sobre nuestro matrimonio y me pidió que cuidase a la niñas y me ocupase de las facturas. También me pidió que buscase una manera de mandarle más medicación ya que la suya empezaba a escasear.

Fuente: Rusia hoy

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