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El ministro de Exteriores Serguéi Lavrov repasa los principales puntos de conflicto y acercamiento entre amos. Fuente: ITAR-TASS

La agenda de las relaciones Rusia-UE

El ministro de Asuntos Exteriores ruso Serguéi Lavrov, explica los puntos más importantes de las relaciones bilaterales.

1. Las relaciones entre la UE y Rusia

En los medios de comunicación occidentales se insiste en una campaña de información antirrusa en la que se utiliza terminología al estilo de la Guerra Fría. En el centro del debate de la prensa occidental está el caso de Ucrania: la manzana de la discordia es la firma de un acuerdo por parte de Kiev para su entrada en la Unión Europea, en el ámbito del programa europeo de Asociación Oriental.

2. La Asociación Oriental

Originariamente, los promotores de la ‘Asociación Oriental’ aseguraron que el proyecto no conllevaría ningún conflicto. Sin embargo, muy pronto se les empezó a plantear la cuestión en otros términos a nuestros vecinos y a los de la UE: debéis decidir de parte de quién estáis, o con Europa o con Rusia. Este tipo de aproximación contradice la lógica de cualquier acción destinada a difuminar las líneas divisorias en Europa, que se confirma también el los documentos de la OSCE, entre otros. Más bien, parece el enésimo intento de mover estas fronteras más hacia el este.

3. Las relaciones entre Rusia y Ucrania

Siempre hemos estado profundamente convencidos de que la elección sobre la dirección del desarrollo propio y sobre la adhesión a los sistemas de integración de otros países es un derecho soberano de cada Estado. Nunca hemos intentado obligar a nadie a nada, sabiendo que la integración solo puede ser sólida cuando se basa en el respeto de los intereses recíprocos. Hemos asumido esta postura con respecto a Ucrania y también la mantenemos ahora, solo nos hemos limitado a aclarar a nuestros colegas ucranianos que el cambio de las reglas del juego económico por su parte causaría una reacción severa y adecuada por parte de Rusia, en plena consonancia con los estándares internacionales, entre ellos las normas de la OMC.

4. La política de la UE

Esperábamos que nuestros socios europeos manifestasen el mismo respeto por la libertad de elección del pueblo ucraniano. Y nos hemos llevado una desagradable sorpresa cuando nos hemos dado cuenta de que, en la óptica de los representantes de la UE y los EE UU, la ‘libertad de elección’ ya se había llevado a cabo en nombre del pueblo ucraniano y con una clara orientación hacia ‘un futuro europeo’. Sin embargo, el debate sobre si Ucrania debería seguir el camino de Polonia y otros países de Europa Oriental tiene un cariz erróneo: nadie está proponiendo a Ucrania una perspectiva mínimamente real de entrada en la Unión Europea; se trata, en resumidas cuentas, de la aceptación unilateral por parte de Kiev de las condiciones dictadas por Bruselas, incluyendo la completa eliminación de las barreras a la expansión comercial de la UE.

5. La actual situación en Ucrania

Una situación en la que el proceso democrático de expresión de la voluntad popular es sustituido por la ‘democracia callejera’, en el que la opinión de unos pocos miles de manifestantes, que tratan de imponer por la fuerza sus ideas al poder legalmente constituido, y donde esto se vende como ‘la voz del pueblo’, no puede considerarse aceptable. La inestabilidad de un estado situado en el centro del continente europeo no puede beneficiar a nadie. No se puede perder de vista el hecho de que las acciones de las fuerzas antigubernamentales ucranianas manifiestan, de manera cada vez más activa, tendencias nacionalistas extremistas y que la retórica antirrusa de algunos círculos se mezcla con exhortaciones antisemitas y racistas.

6. El comportamiento miope de la UE

Los intentos de cerrar los ojos a lo que ocurre, con la intención de encajarlo en esquemas convencionales (oposición ‘buena’ contra Gobierno ‘malo’) son decididamente miopes, como también lo son las tentativas de ignorar la realidad e infravalorar los problemas domésticos, como los que se están produciendo en la esfera de las relaciones interétnicas e interconfesionales. A este respecto es oportuno citar la sabiduría popular oriental, que dice que “el que vive en una casa de cristal no debe lanzar piedras a los demás”.

7. Rusia no pretende entrar en la Unión Europea

Al mismo tiempo, en el comportamiento de la Unión Europea se nota una tendencia a gestionar las relaciones con los países vecinos exclusivamente desde la óptica de un acercamiento de esos países a los estándares de la UE y de la ‘navegación en aguas seguras’ para la política de Bruselas. Sin embargo, Rusia no tiene intención de entrar en la Unión Europea, y la colaboración entre los principales actores del espacio europeo solo puede ser igualitaria. Nuestros socios de la UE deben tener en absoluta consideración que en el espacio euroasiático se está llevando a cabo un proyecto de integración de amplias miras.

8. El potencial de la comunicación entre Moscú y Bruselas

El potencial de la asociación entre Rusia y la Unión Europea es enorme. En nuestros países, en un territorio de más de 21 millones de km2 viven casi 650 millones de personas. Nos unen la mutua integración y la dependencia recíproca de nuestras economías, además de nuestras raíces comunes. Rusia cubre un tercio de las necesidades europeas de petróleo y gas natural, y casi un cuarto del consumo de carbón y derivados del petróleo. Sencillamente, la Unión Europea no tiene ningún otro socio capaz de abastecerla de las cantidades necesarias en manera estable.

9. Las amenazas comunes

El debilitamiento de la colaboración y el progresivo alejamiento no ayudarán a las partes a combatir los desafíos comunes que, desafortunadamente, no disminuyen.

Me refiero en particular a la aparición de focos extremistas, las actividades terroristas, las oleadas de inmigración ilegal y el creciente peligro de fractura en las fronteras de los conflictos religiosos y de civilizaciones.

10. Quién debe definir los valores comunes

No se puede no estar de acuerdo en el hecho de que los cimientos para la construcción de una “casa común europea” deben ser unos valores comunes. Sin embargo, es indispensable ponerse de acuerdo sobre lo que representan y quién debe definirlos. Partimos del supuesto de que los valores básicos deben ser fruto de un acuerdo mutuo y no invención de un estado cualquiera o un grupo de países. Sería deseable recordar que los principios de la democracia presuponen, en primer lugar, el respeto de las opiniones de los otros.

Fuente: Rusia hoy

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