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Fuente: Ígor Kurashov/RG

Las lecciones aprendidas gracias al transbordador soviético Burán

Los 205 minutos de vuelo de la nave Burán fueron una auténtica sensación. Por primera vez un transbordador soviético aterrizaba de forma automática, mientras que los estadounidenses todavía no sabían cómo hacerlo: tan solo podían aterrizar de forma manual.

¿Por qué este triunfal despegue resultó ser el único? Y ¿hay esperanzas de que alguna vez un transbordador ruso llegue a volar a las estrellas? De todo esto nos habla Valeri Burdakov, doctor de Ciencias Tecnológicas del MAI, antiguo director de departamento de la Unión científica de producción ‘Energuia’ y uno de los creadores del Burán.

Valeri Pávlovich, dicen que la nave espacial Burán fue el aparato más complejo nunca creado por el hombre.

Sin duda. Hasta entonces el líder era el Space Shuttle estadounidense. Pero las posibilidades del Burán eran mucho mayores, tanto en el peso de la carga que podía traer a la Tierra (20-30 toneladas en lugar de 14,5) como en el diapasón de su centro de gravedad. ¡Podíamos haber sacado la estación MIR de órbita y haberla convertido en una pieza de museo!

El aterrizaje sin piloto, la ausencia de combustible tóxico, las pruebas de vuelo horizontal, el transporte aéreo de tanques de cohete en la parte superior de un avión creado especialmente para ello… Todo era maravilloso.

¿A quién se le ocurrió por primera vez la idea de una nave orbital sobre el esquema de un avión y que pudiera aterrizar y despegar en un aeródromo?

A Serguéi Koroliov. Él mismo me contó una vez que en 1929, cuando tenía 23 años y ya era un conocido planeador, concibió la idea de elevar un planeador a 6 kilómetros y después con una cabina hermética a la estratosfera. Decidió dirigirse a Tsilkovski (físico soviético, conocido como el ‘padre de la cosmonáutica’) para que firmara una carta sobre la conveniencia de un vuelo tan alto.

¿Tsilkovski la firmó?

No. Criticó la idea. Dijo que sin el motor de propulsión líquida el planeador a gran altura sería ingobernable y que, al acelerarse en la caída, se rompería. Le regaló un librito, Viajes espaciales en cohete, y le aconsejó que pensara en las aplicaciones del cohete de propulsión líquida para los vuelos que no fueran a la estratosfera sino más alto, al espacio exterior. Koroliov se quedó muy desilusionado.

¿Y cuándo comenzó a usted a trabajar en el Burán?

Ya en 1962, con el apoyo de Serguéi Pavlovich, recibí mi primera certificación de autoría de una lanzadera espacial reutilizable. Cuando se empezó a hablar del Shuttle estadounidense, la cuestión de si era necesario o no que nosotros hiciéramos uno, todavía no se había resuelto.

Sin embargo en 1974 ya se había creado el conocido como servicio Nº 16 en la Unión científica de producción ‘Energuia’. Tenía dos departamentos de diseño, el mío sobre temas del avión y el de Efrem Dubinski sobre la lanzadera. Nosotros nos ocupábamos de las traducciones, el análisis científico, la redacción y la publicación de un ‘diccionario’ sobre el Shuttle. Y nosotros mismos, sin levantar mucho ruido, desarrollamos nuestra propia versión de una nave y de una lanzadera para la misma.

La precisión del aterrizaje del Burán dejó a todos muy sorprendidos.

Cuando la nave apareció entre las nubes, uno de los directores repetía, como en un delirio: “¡Se va a estrellar, se va a estrellar!” Todos lanzaron un grito cuando el Burán comenzó a rodar por la pista de aterrizaje. Pero lo cierto es que la maniobra estaba programada. Al parecer este director no sabía ese detalle o se había olvidado. La nave entró precisa en la pista. Los 205 minutos de vuelo del Burán se realizaron sin una observación a los diseñadores.

¿Qué sintió después de este triunfo?

No se puede expresar con las palabras. Pero nos esperaba otra sensación fuerte: el exitoso proyecto de innovación se cerraba. 15.000 millones de rublos se habían gastado en vano.

¿Se podrán utilizar alguna vez los avances científicos y tecnológicos del Burán?

El Burán, como el Shuttle, no era rentable por el sistema, caro y torpe, de puesta en órbita. Pero para el Burán-M se podrían hallar soluciones tecnológicas únicas. Una nueva nave, modificada gracias a los últimos avances, podría convertirse en el medio más rápido, seguro y cómodo de transporte intercontinental espacial, tanto de carga como de pasajeros o turistas. Pero para eso hace falta crear una lanzadera multiuso de una etapa ecológica MOVEN. Sustituiría a los cohetes Soyuz. Además no necesitaría un despegue tan engorroso, por eso podría lanzarse al espacio desde el cosmódromo Vostochni.

Los avances del Burán no se han perdido.

El aterrizaje automático ha dado lugar a los cazas de quinta generación y a muchos aparatos sin piloto. Simplemente, como sucedió con el primer satélite artificial de la tierra, fuimos los primeros.

¿En su opinión, cuál es el futuro de la actual cosmonáutica?

La era de la energía atómica y solar sustituirá a la de los hidrocarburos y es impensable sin la utilización generalizada de todo tipo de medios espaciales. Para la creación de estaciones eléctricas espaciales solares que den energía a los usuarios en la Tierra, son necesarias lanzaderas con una carga útil de 250 toneladas. Se crearán sobre la base de las MOVEN. Pero si hablamos de la cosmonáutica en general, será capaz de satisfacer todas las necesidades de la humanidad y no solo las de información, como ahora.

Fuente: Rusia hoy

 

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