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Los arquitectos soviéticos que se hartaron del edificio aburrido

Son edificios descabellados, con un componente acogedor y atractivo a pesar de ser inhabitables. El dúo de arquitectos formado por los rusos Alexander Brodsky e Ilya Utkin fantaseaba sobre el papel con proyectos imposibles: un pueblo creado sobre un gigantesco puente, una fortaleza hundida llamada Villa Claustrofobia, una “casa de muñecas” que encierra guaridas y escondites en la maraña de habitaciones que la forman.

Nacidos en Moscú en 1955, se rebelaban a finales de los años ochenta contra el utilitarismo austero de las construcciones soviéticas e imaginaban edificios que mezclan la ciencia ficcción con el Egipto de los faraones, la cultura totémica de los índios americanos y otras civilizaciones perdidas o sepultadas por la historia.

Maridando las bellas artes con la arquitectura se unieron a un movimiento informal, los Arquitectos del papel, compuesto por creadores soviéticos más interesados en producir diseños imposibles que en contribuir al aburrimiento paisajístico con edificios vulgares y prefabricados. El gobierno soviético era férreo al respecto, desde el comunismo cualquier tipo de ornamento se consideraba un capricho inmoral que lastra la eficiencia y aumenta sin motivo el gasto.

Un palomar humano

Brodsky & Utkin —de la editorial neoyorquina Princeton Architectural Press— reproduce dibujos y grabados de las fantásticas instalaciones del dúo de arquitectos. Aprovechando una muestra reciente en la galería Tate Modern de Londres, el tomo resucita una colaboración que terminó en 1993, pero sigue seduciendo a artistas, arquitectos y coleccionistas.

El libro cataloga proyectos visionarios sobre la que ambos autores garabatean anotaciones y escriben a mano las características de cada elemento y el porqué de la importancia de la construcción.

La diferencia principal entre el artista y el arquitecto es la responsabilidad El Columbarium Habitabile es un palomar humano, con compartimentos que almacenan antiguas viviendas unifamiliares que el gobierno quiere destruir para hacer bloques de pisos. “Dejémoslos llevarse la casa de su lugar y ponerla en un columbario, un enorme cubo de hormigón en el centro de la ciudad”, se puede leer en una coqueta letra de caligrafía.

Los dos se graduaron por el Instituto de Arquitectura de Moscú, pero tras separarse han seguido caminos diferentes. Utkin permanece centrado en el ámbito académico, mientras que Brodsky sólo a partir del año 2000 se atrevió a a hacer tangibles sus dibujos y se inclina por el arte. “La diferencia principal entre el artista y el arquitecto es la responsabilidad que adquieres”, cuenta en una entrevista reciente en la que se aprecia una necesidad de seguir manteniendo ese mundo paralelo que cofundó en su juventud como opuesto a los cánones de la estética comunista.

Fuente: 20minutos.es

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