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Un artista ruso-estadounidense propone transformar la capital de Rusia en un set de rodaje para películas estadounidenses. Fuente: PhotoXpress

Moscú, futura estrella de Hollywood

El ruso-estadounidense Alex Pánov no sale en ninguna escena de grandes éxitos ‘holywoodienses’ como “La chica del dragón tatuado”, “Star Trek”, “La red social” o “Spiderman”, pero este cineasta, decorador y director artístico es precisamente el responsable de la espectacularidad, el esplendor y la originalidad de estas películas. Ahora propone persuadir a las empresas medianas e incluso de alto standing de Hollywood para que graben nuevos proyectos en Moscú.

A principios de los años 90, un veinteañero Sasha Pánov se encontró de repente en Estados Unidos. Fue a visitar a su chica con un visado turístico, pero mientras organizaba el viaje ella encontró a otro. Él no tenía ganas de volver, pues le esperaban tiempos difíciles en Rusia. El país se estaba desmoronando ante sus ojos: pobreza, paro, violencia… sus esperanzas de futuro se disipaban como la niebla. Así que decidió quedarse, sin dinero, sin contactos, sin profesión, él solo en medio de una enorme Norteamérica.

Se instaló con una familia estadounidense en Nueva Jersey. Estudió inglés mientras trabajaba para salir adelante. Después de un tiempo y de colosales esfuerzos, consiguió financiación (una beca de 80.000 dólares) del fondo para estudiantes extranjeros y se matriculó en una de las mejores universidades de EE UU: la universidad de Dartmouth. Se licenció en Bellas Artes y Cinematografía. Hasta aquí todo bien, si no fuera porque en Estados Unidos a los estudiantes extranjeros solo se les permite trabajar durante un año tras acabar los estudios. Después de ese periodo caduca el visado, y si uno no consigue un contrato de trabajo, se tiene que marchar.

“Cuando acabé la universidad”, cuenta Pánov, “había conseguido elaborar un buen perfil. Tenía la recomendación de varios especialistas en el área del arte contemporáneo y el apoyo de varias galerías. Entonces vivía en el sur de California, donde el arte contemporáneo serio no es tan popular como, por ejemplo, en Nueva York. Digamos que allí yo era la oveja negra. Para ganarme la vida, tenía que pintar casas con los inmigrantes irregulares; fue un periodo muy duro”.

“Un buen día, entró en mi estudio por casualidad Peter Selz, profesor y director del museo de arte contemporáneo de Berkeley, y antiguo supervisor del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Es autor de más de 12 libros que yo mismo estudié en la universidad. Una eminencia en el sector. Y se encontraba en mi pequeño estudio. Alguien le había hablado de un pintor ruso y decidió pasarse por allí. Después de echar un vistazo a mis trabajos, Sels dijo que eran extraordinarios, escribió una breve carta al servicio de inmigración, literalmente un párrafo, y mi destino cambió. Me concedieron la Green Card (la tarjeta de residencia) y un permiso de residencia permanente con la categoría “habilidades extraordinarias en el campo de las artes”.

Una vez que conseguí libertad de movimiento, me mudé a Los Ángeles para comenzar mi carrera en el cine, que siempre me había atraído. El cine reúne todos los tipos de arte: la literatura, la pintura contemporánea, la música, el vídeo y la creación multimedia. Eso es justo lo que me apetecía”.

Pánov comenzó su carrera en Hollywood desde cero. En 1997 salió a la luz su primer proyecto: un vídeo musical para el que el pintor construyó el decorado con sus propias manos, clavando clavos, lijando tablas… Poco a poco comenzó a hacerse un nombre, consiguió recomendaciones, experiencia, contactos… Y solo muchos años después comenzó a colaborar con David Fincher y con otras estrellas.

En Hollywood, un pintor ruso es algo exótico. “En mi profesión hay pocos rusos”, comenta Alexánder. “Hace poco, en la película Star Trek 2, conocí por casualidad a la ayudante del director artístico, es de San Petersburgo y está afiliada al mismo sindicato que yo. A veces me cruzo con gente que trabaja con Timur Bekmambétov, al autor de Los guardianes de la noche; es el nombre ruso más sonado. No hay otro ruso que haya tenido tanto éxito en Hollywood”.

Entretanto, los cinematógrafos rusos y norteamericanos están desaprovechando numerosas oportunidades de colaboración: escenarios conjuntos, coproducciones o intercambio de actores. De momento todo esto está en una etapa de gestación.

Tender puentes culturales entre los dos países

Pánov, que se siente parte de ambos lados del océano, ha decidido rellenar estos vacíos y tender un puente entre los dos países. Desde hace unos años, su empresa, InTalentMedia, se dedica a prestar asesoramiento gratuito a directores rusos interesados en proyectos conjuntos y busca constantemente puntos de unión.

InTalentMedia ya ha trabajado con el famoso productor Serguéi Selianov, con las compañías rusas Moskinó y Art-Pictures, y con el canal de televisión ruso Rossía 1. Tiene experiencia en la coproducción de vídeos musicales y cortometrajes que Pánov ha ayudado a rodar en Los Ángeles. Pero esto es solo el principio, la intención es lograr trabajos de colaboración a escalas mucho mayores.

Pánov explica: “Es evidente que la industria cinematográfica norteamericana es mucho más potente que la rusa, pero aún así no todo es perfecto aquí. Hace tiempo que Hollywood sufre una crisis de género; esto es algo de lo que hablan abiertamente directores como Spielberg y Lucas. El cine se ha encarecido hasta límites nunca vistos. Se gasta tanto en una película, que un simple fallo puede llevar un estudio a la quiebra. ¿Por qué se hacen tantas adaptaciones y secuelas hoy en día? Porque no hay ideas nuevas; o sí las hay, pero los productores no se quieren arriesgar. Con unos gastos tan elevados hacen falta garantías.

Ante esta difícil situación, Rusia tiene posibilidades. En Estados Unidos siempre han faltado héroes, y ahora más que nunca. Y la historia de Rusia está llena de relatos heroicos. Cualquier héroe puede ser un personaje de película, y además le aporta una naturaleza extraordinaria e inesperada. ¿Por qué no rodar algunas películas de Hollywood en Rusia?, ¿Por qué no mostrar al mundo el Moscú actual, con sus magníficos restaurantes, sus museos, sus edificios históricos y su increíble metro?

He querido llamar a este proyecto ‘Moscú, ciudad estrella’. La idea es simple. Está en mi mano el persuadir a las empresas medianas e incluso de alto standing de Hollywood para que graben nuevos proyectos en Moscú, pero para ello habría que darles incentivos fiscales, como hacen en Canadá y en muchos Estados de los Estados Unidos. El beneficio es mutuo. Hollywood recibe rebajas e ideas frescas y Moscú recibe empresarios que necesitan de todo, incluida la mano de obra. Nuestros futuros cineastas mejorarán sus habilidades gracias al trabajo con profesionales de Occidente. Y lo más importante: la ciudad mejorará su imagen ostensiblemente. Espero que este proyecto despierte el interés de Rusia”.

Fuente: Rusia hoy

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