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La situación en Ucrania es de gran inestabilidad y no se sabe todavía cómo terminarán los cambios. Fuente: Reuters

Qué es lo que calla Putin

El futuro desarrollo de la situación en Ucrania depende en gran medida de la postura que adopte Rusia al respecto.

Tras la destitución de Yanukóvich y la liberación de Timoshenko, los disturbios en Ucrania han pasado a una nueva fase todavía más peligrosa. La parálisis de las estructuras de poder implica una apertura del espacio para los enfrentamientos entre los partidarios y los detractores del Maidán. Y lo más importante es que todavía no queda claro quién subirá al poder en Kiev finalmente: la oposición parlamentaria o las fuerzas radicales.

Por ahora ambos son aliados y la autodenominada ‘garante del Maidán’, Yulia Timoshenko, recomienda la participación en el nuevo gobierno de ‘los líderes del Maidán, conocidos y apoyados por todo el país’.

En una situación como esta, Rusia debe determinar su postura respecto a los acontecimientos que están teniendo lugar. ¿Cuáles son las principales cuestiones en Ucrania a las que puede dar Moscú una respuesta? ¿Qué ecuaciones de numerosas incógnitas está tratando de resolver ahora Putin?

En primer lugar, por primitivo que pueda parecer, ¿con quién se puede tratar en Ucrania?

En segundo lugar, ¿hasta qué punto son altas las probabilidades de que los nacionalistas radicales lleguen al poder mediante un nuevo cambio de régimen?

En tercer lugar, ¿cómo evitar la quiebra económica de Ucrania e impedir que Occidente puje por ella? Los créditos y el gas barato fueron concedidos a condición de estimular la cooperación económica entre los dos países; si Kiev vuelve su mirada hacia la integración con Europa, Rusia se verá obligada a romper los acuerdos firmados en diciembre.

En cuarto lugar, ¿qué hacer ahora con el sureste del país, especialmente con Crimea? La población local está alarmada, ya no bromea, y en caso de que la exportación forzada de la ‘revolución’ continúe, en esta región podría comenzar a derramarse sangre, y entonces será muy difícil explicar a los ciudadanos rusos por qué Moscú no les protege.

Y por último, ¿cómo detener la expansión occidental en Ucrania? La cuestión de que el nuevo gobierno sea reconocido o no es, en primer lugar, algo puramente superficial: evidentemente, durante los próximos días, como mínimo hasta el momento de la formación del nuevo gobierno, Rusia guardará silencio.

¿Quién está al mando?

La cuestión principal para Moscú en estos momentos es quién está capacitado para asumir el poder en Ucrania. Si no se contempla en absoluto la hipótesis de un golpe de Estado militar, la única candidata creíble para liderar Ucrania es Yulia Timoshenko. El sureste de Ucrania apenas tiene posibilidades de movilizarse rápidamente para proponer un candidato fuerte, ya que carece por completo de una figura adecuada.

Las razones de que Timoshenko ahora exprese su deseo de que “todos los héroes del Maidán encuentren lugar en el poder ejecutivo” son comprensibles: es su único modo de refrenar la energía que han adquirido las protestas populares.

A diferencia de Yatseniuk y Klichkó (que juegan en las selecciones de Estados Unidos y Alemania, correspondientemente), Timoshenko, pese a su orientación proeuropea, es la figura más independiente de todas. Sí, es muy difícil confiar en ella, pero parece ser que en la situación actual Timoshenko parece el menor de los males para Rusia y la mejor de las opciones para Occidente. Pero la retórica abiertamente antirrusa de los nacionalistas ucranianos descarta la posibilidad de cualquier tipo de cooperación de Moscú con el nuevo gobierno en caso de que Tiagnibok o Yárosh ocupen puestos de poder.

En resumen, por un lado Rusia necesita que Timoshenko aplaque a los radicales, pero por otro lado necesita que lo haga sin involucrarlos en el gobierno. El resultado es un círculo vicioso al que debe encontrar salida no sólo Moscú sino también Kiev. Y Kiev con una mayor urgencia, ya que sin unas negociaciones con Rusia sobre el futuro de un crédito ya concedido y del suministro de gas, Ucrania podría no llegar sana y salva a las elecciones del 25 de mayo, tras las cuales podría intentar conseguir el apoyo de Occidente.

Crimea nunca es suficiente

Timoshenko deberá aplacar la ‘revolución nacional’ por otra razón: necesita detener los intentos de los nacionalistas de ‘marchar’ sobre las regiones del este y sobre Crimea, ya que esto podría provocar la intervención de Rusia en los acontecimientos de Ucrania.

En contra de lo que creen Occidente y los nacionalistas ucranianos, Rusia no está interesada en la disgregación de Ucrania, esta carta podría ser utilizada por los rusos únicamente en un caso extremo, por ejemplo en el caso de que se dé una guerra civil en toda regla y las zonas ‘independientes’ se colapsen.

El actual cambio de gobierno en Ucrania no supone ninguna catástrofe para el futuro de Rusia. La orientación antirrusa en el país la promueven los nacionalistas radicales y las potencias occidentales, pero en las capas más amplias de la población no existe ningún tipo de rusofobia.

¿Podrán las fuerzas prorrusas ucranianas organizarse para encontrar líderes y formular una idea final de unión con Rusia? ¿Les ayudará Rusia en esta tarea promoviendo su proyecto de reintegración económica y política? Las respuestas a estas preguntas llegarán en un futuro próximo.

Y lo harán de la mano de Vladímir Putin, que según el curso actual de la historia se impone como líder de todo el mundo ruso, incluyendo sus territorios fuera del país.

Fuente: Rusia hoy

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