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Oslo premia a la Organización para Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) por su labor en Siria. Fuente: Reuters

Un Nobel de la Paz realmente merecido

El Premio Nobel de la Paz ha sido entregado a la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) por su labor en Siria.

El informe del equipo de la ONU que investigó el uso de armas químicas está considerado como un documento que aunque no esclarezca la responsabilidad última de su aplicación sobre la población siria, es bastante objetivo en todos los escalones del procedimiento investigador. Este hecho no tiene parangón en la historia de una organización plagada de entresijos burocráticos que ponen al límite las legítimas investigaciones internacionales.

En este sentido, a pesar de la presión para encauzar la investigación en un sentido o en otro de EE UU y Rusia, se ha mantenido al margen y ha optado por investigar de forma independiente, sin seguir las pistas sugeridas por una y otra potencia.

En este caso la ONU ha actuado como una organización eficaz porque por primera vez no ha llegado tarde en dar una respuesta a un conflicto tan sangrante como el sirio. Hay que recordar al respecto que el informe de la ONU que negaba las supuestas armas químicas del régimen iraquí llegó después de la invasión estadounidense.

Más asombroso fue el desliz retórico de John Kerry, cuando dijo en rueda de prensa que lo único que podría evitar la guerra sería que el Asad entregase su arsenal de armas químicas. Debido a estas declaraciones, la diplomacia rusa su puso en marcha a toda velocidad, consiguiendo en tiempo récord un acuerdo con el régimen sirio para su entrega. Nadie se lo esperaba. Y es que Rusia se toma muy en serio la estabilidad de Oriente Medio, asunto prioritario en su política internacional debido a la proximidad geográfica con los estados implicados.

Los candidaturas presentadas para el Nobel al comité noruego han sido numerosas y, en algunos casos, no exentas de polémica. Así se propuso la candidatura de Putin en virtud de los esfuerzos de la diplomacia de Rusia para evitar un desastre igual o mucho mayor que las intervenciones en Afganistán, Irak y Libia. Cuestión que ha sido aplaudida casi sin fisuras por la comunidad internacional.

Finalmente, Oslo no ha premiado la labor del presidente ruso. No obstante, el premio se podría interpretar como una victoria indirecta de Putin y el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, ya que sin sus esfuerzos no habría habido destrucción de armas químicas, ni equipo encargado de destruirlas, y sí, hubiera  habido intervención, y por consiguiente un empeoramiento del conflicto.

Fuente: Rusia hoy

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